Hola médico

De nuevo en un consultorio de un país remoto, subdesarrollado, con necesidades. Ahí estaba yo, esperando a que comenzaran a llegar los pacientes que se habían demorado por la lluvia, lo cual me dio tiempo de conocer el dispensario, las drogas disponibles, los aparatos médicos... No me sorprendí, apenas si había algunos medicamentos en los dos pequeños estantes para guardar las drogas, sin mucho orden mas que algunos cartelitos que indicaban que remedio debería haber en que cajita. Los revisé, y encontré lo que me imaginé que iba a encontrar, muchos estaban vencidos, algunos recientemente otros hace mucho. Vencidos, caducados. Otro gabinete estaba en el consultorio médico, acá había más medicamentos, casi todos muestras gratis de laboratorios comerciales. Drogas "nuevas", combinaciones "nuevas" por no decir drogas aun no han sido probadas los suficiente como para ser utilizadas en países mas "desarrollados" o drogas mas caras que reemplazan a las clásicas drogas ya conocidas y probadas sin dar mejores resultados mas que las ganancias del laboratorio. En este gabinete también había una caja de "emergencias", de plastico, como las que usan los pescadores para cargar sus anzuelos. Como el cierre estaba roto. Estaba cerrada con un alambre, como decimos en Argentina, atada con alambre. Yapada. La abrí, de nuevo varias ampollas adrenalina, atropina, diazepam. Varias pero no tantas, acompañadas solamente por una venda de gasa y nada mas, no había jeringas, agujas, cintas (esparadrapos). Busque nuevamente las fechas de caducidad, esperando como esta era la caja de urgencias tuviese mejor control de los vencimientos. Me equivoque acá encontré mas drogas vencidas. Deje las drogas y me puse a revisar los papeles que había en el escritorio.
Llego un paciente que se ve que había logrado esquivar las gotas de la lluvia que caía esa mañana. Levante la vista del escritorio, era un joven que rondaría los 25 años. Me levante de mi silla, en señal de respeto a mi paciente, el primero de ese día. Él desde la puerta asomo su cabeza y dijo: “Hola medico!” Y entro raudamente y se sentó, mientras contaba su “motivo de consulta” como lo llamamos los médicos, aun que en este caso parecían más una lista de requerimientos: “…necesito que me haga un certificado y que me dé una receta para…” Desde el momento que dijo su “hola médico” por mi cabeza pasaron todos los años de estudio y sacrificio para llegar a ser médico, las noches sin dormir, mi lucha con mis colegas para enseñar a respetar a los pacientes y sus derechos, el consentimiento informado. Mi costumbre de pararme y saludar cordialmente a todos mis pacientes… aunque debo admitir que caí pesadamente en mi silla. Hice un esfuerzo y logre atender a mi primer paciente del día. Cuando salió del consultorio, casi con el mismo gesto de cuando entro soltó un: “gracias máster”… Me imaginé la expresión de mi cara, semejante a la del gato de Shreck, con la punta de las cejas tocando casi la comisura de mis labios, mis orejas apuntando hacia abajo, y mis mirada con una mezcla de suplica, miedo, y de pedido de piedad.

Lucho contra los médicos subidos arriba de un pedestal, pero esto, no es que ahora sea el paciente quien esté sobre el pedestal, sino somos los médicos que estamos por debajo del mínimo nivel de dignidad, de respeto. Será nuestro escarmiento por los años de paternalismo médico? Tendré que comenzar a luchar por el respeto al médico? Que los pacientes no hablen por teléfono durante la consulta, que no vengan directamente de jugar al futbol a que lo revisen de los hongos en los pies y axilas. Que un señor que solo ve mal y de un solo ojo no se queje cuando no le queres firmar el apto para sacar un carnet de conducir. Que no nos traigan una receta para “firmar” porque ya se la vendió el farmacéutico…
Tomé coraje, recordé los muchos otro paciente que me respetaron que pude ayudar que me dieron
razones para estar contento de ser médico. Y me decidí a esperar al siguiente paciente.

Como la lluvia seguía no había muchos pacientes, aproveche para ir a charlar con las enfermeras locales. Hablaban con bronca y tristeza, estaban contentas y orgullosas de ser enfermeras de trabajar en la salud, para la salud, pero si no fuera por otros trabajos o por el trabajo de sus maridos, el dinero que ganan no les alcanza para darle de comer a su familia. Una decía que su dinero apenas si le alcanzada para pagar al transporte por llevarla, y que el transportista ganaba diez veces mas, no estaban en contra del chofer, pero les parecía una injusticia. Al pasar por entre nosotros el chofer de la ambulancia del dispensario una de las enfermeras le dijo: “me tienes que llevar a hacer las compras al próximo pueblo que está lloviendo” El dispensario a pesar de sus escasos recursos tenía una ambulancia muy nueva donada por algún político de turno. Cuantas veces había visto o escuchado historias similares. Una ambulancia, sin dinero para mantenerla o equiparla por lo que termina siendo utilizada para otros fines. Por suerte esta además de para hacer las compras también la utilizaban para hacer las derivaciones. Me recordé la falta que le hacía al
centro de salud de Cangola, en Angola, una ambulancia. Cuando nos fuimos nos habían pedido nuestros vehículos pero no se los donamos para evitar esto, ojalá hayan conseguido una y los fondos para usarla para ser ambulancia.

Cambiando de tema yo les pregunté qué drogas tenían disponibles, por si ellas tuvieran guardadas mas en algún lugar; me contestaron apuntando a los dos estantes con medicamentos: “acá no tenemos nada, si el paciente tiene dinero mándelo a comprar” otra enfermera agregaba: “no nos llegaron los remedios de la nación, y cada vez nos mandan menos, ahora solo nos quedan los remedios que no se usan!”
“Y si el paciente no tiene dinero?” les pregunté. Todas juntas levantaron sus hombros sin decir nada. Me acordé de mis otras misiones, donde muchos pacientes si no era por los medicamentos que les proveíamos nosotros no tenían otra opción a su alcance. Me acordé de cuando escribí
el precio de la sangre, me acordé de su cara, pensé en todas las historias similares en tantos países distintos.

Decidí alejarme de esta charla demasiadas similitudes y recuerdos con misiones anteriores. Entré nuevamente al consultorio, por costumbre busque el punto de agua, no lo había en el consultorio, tenía que ir a otra sala a lavarme las manos.
Después de lavarme las manos y volver me senté a seguir curioseando los cajones del escritorio del consultorio médico. Encontré un protocolo que me llamo la atención y me pareció interesante. Encima demostraba la participación y preocupación del ministerio de salud en sus dispensarios. Era una “actualización en bioterrorismo” comencé leerla. Mas que una actualización era una desactualización! La verdad que no contenía mucha información y para nada actualizada! Tenía menos información que una publicidad y la poca que contenía era evidente que quien la había escrito no era un médico y muy probablemente nunca trabajo directamente en salud. Era un folleto oficial!! No contaba con ningún teléfono para avisar si se sospechaba de algún caso. Seguramente un funcionario lo armo con alguna información bajada de internet de sitios de baja calidad. Incluía algunas enfermedades que difícilmente se utilicen para bioterrorismo.

Cambie de papel, encontré unas guías de control de cólera, también oficial, aunque esta vez la tome solo por curiosidad… ya me imaginaba lo actualizado del contenido. La guía estaba impresa en maquina de escribir, cosa que en este país hace muchos años que ninguna oficina pública utiliza mas, todas tienen alguna computadora! Encontré una fecha, tenían 20 años de antigüedad, me pregunté si esas sería la última actualización en cólera por parte del ministerio de salud para sus dispensarios? De mas esta decir que decía varias cosas dudosas, por no decir erróneas, tratamientos con antibióticos en primera instancia ni siquiera se utilizan en otras instancias hoy en día. En un párrafo se leía: “...desechar los descartables en bolsa plástica con cartelito de contaminado sin tratamiento.” Por otro lado se podía leer: “ … no es necesario aislar al paciente.” No encontré en ningún lado la palabra legía o sus sinónimos, hipoclorito o lavandina. Espero que no haya por estos lugares una epidemia de cólera.

La lluvia amainaba y los pacientes comenzaban a animarse a venir al dispensario, tuve que dejar de revisar el sitio y comenzar a atender a los pacientes…

Al terminar mi día de trabajo, pensé en escribir en el esta historia que me toco vivir hoy, que bien podría ser de una misión en un país subdesarrollado del áfrica, aunque en esta oportunidad no se trataba de una misión humanitaria, simplemente es la historia de un día de trabajo mío, reemplazando a un colega en un dispensario en una pequeña localidad en las afueras de la ciudad de Córdoba, Argentina. País que se dice desarrollado aunque en muchos aspectos nos falta mucho.

Chau Master...

Comentarios

  1. Hola Emiliano como estas?,me llamo Eduardo, soy colega, Argentino, estudie en Cordoba,donde me encuentro ahora, encontre muy interesante tu blog, y queria contactarme con vos pero no encontre ningun mail en tu blog. Dejo el mio quizas cuando tengas tiempo y si no es mucho lio puedas mandarme el tuyo. Un gran abrazo. Eduardo. wardowardo@hotmail.com

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  2. Confirmando mi teoria de las pequñas historias que componen la vida de cada uno, no son solo de uno; Eduardo ,veo que tu historia se ha cruzado con la mia por Pisco con poco tiempo de diferencia y ahora nuevamente atravez de la web donde nos enteramos de lo chico que es el mundo.

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  3. Hola Emiliano, soy Claudia, hija de Beba Piccato. Leo seguido tu blog, tus duras/humanas historias me permiten conocer realidades que sólo veo ocasionalmente por TV cable, con todas las distorsiones que puedan tener. Es bueno conocer de primera mano las noticias del resto del mundo.
    Normalmente tengo problemas con los médicos, me he solido chocar con gente que cree que me ahorra problemas si no me dice exactamente qué está pasando con mi cuerpo, anotando palabras extrañas en una receta sin explicarme de forma que entienda qué está pensando que me pasa, apurando diagnósticos sin pensar que el cuerpo también se enferma cuando el resto de tu vida no está bien, o que me revisa de manera que parece que mi cuerpo es sólo un pedazo de carne sobre un mostrador de carnicero. Ni hablemos de las internaciones, enchufada a caños donde no te informan qué te están poniendo, desnudada frente a extraños, apurada para recuperarte porque siempre se trabaja a "cama caliente". Ahora que puedo elegir quién me atiende, soy mucho más selectiva, y puedo decir que me he encontrado con personas como el Dr. Raúl Nieto, el Dr. Eduardo Martínez, el Dr. Daniel Loyber, el Dr. Arnaldo Engelland que realmente se preocupan por nosotros/as como seres humanos integrales que somos, no como carne enferma. Siempre pensé que era mucho más difícil ser "señor" que "doctor", para lo segundo sólo basta con estudiar, lo primero es una actitud además de una aptitud.
    Obviamente, sé que hay médicos más que loables que cumplen tareas en lugares donde más de uno no se acercaría, y la importancia de sus tareas, que tan bien retratás en tu blog.
    Argentina no es un país desarrollado. Eso nos quisieron hacer creer hace unos años atrás, que éramos del "primer mundo". Un país donde la desnutrición sigue siendo moneda corriente, donde se muere gente porque no tienen agua potable, donde los dispensarios no tienen los recursos mínimos para atender a los pacientes, donde la gente no tiene trabajo digno no puede ser ni en un millón de años un país desarrollado. Y mejorar estas condiciones es tanto tarea tuya que ustedes los médico como nuestra, los pacientes. Y es una lucha larga, ardua, ímprova y dura. Pero que hay que darla.
    Un beso y gracias por tus historias.

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  4. Hola Emiliano, acabo de entrar a esta pagina y no lo puedo creer !!, viajamos juntos a bariloche en 1995, no nos vimos mas y hoy veo la hermosa tarea q hacer, me emociona !...me gustaria saber si t llego mi comentario, t felicito ...Paola (p_orazi@hotmail.com)

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